He caminado


Camino hacia el infinito,
buscando siempre el amor,
por caminos polvorientos,
con el viento escuchando mi voz.

Le conté mi secreto al viento,
y el viento me escuchó;
le conté a las nubes mi secreto
y el viento también les contó.

Ellas lo guardaron celosas,
como si fuera un primor,
hasta que una gran tormenta
de sus entrañas lo arrancó.

Desde ese instante sombrío,
ya en nadie confío yo,
pues aquella cruel tormenta
mi secreto desveló.

He cruzado el desierto,
y llagas cubren mis pies.
He cruzado los océanos,
sin saber cómo ni por qué.

Desvanecida estaba,
cuando me han encontraron.
Mi voz ya no gritaba,
ni siquiera susurraba.

Pero una ráfaga de viento,
de pronto, golpeó mi cara;
abrí los ojos y entonces vi
a mi amor que me abrazaba.







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